¿Qué debe valorar una ingeniería para decidir si un cruce sin zanja se ejecuta en una sola fase o por tramos?

La decisión entre ejecutar un cruce con technologie sans tranchée en una sola fase o dividirlo por tramos no debería tomarse solo por longitud. Una ingeniería debe valorar conjuntamente la geotecnia, la topografía, la implantación disponible, los empujes previsibles, la logística de obra, el tipo de tubería, los condicionantes del entorno y el nivel de riesgo aceptable para plazo, coste y recepción. En proyectos de microtunnelage o le fonçage de tuyaux, esta elección condiciona el diseño del trazado, la posición de ataque y recepción, la secuencia constructiva y la comparabilidad de ofertas en licitación.

Por eso, la revisión previa desde el área de asistencia técnica e ingeniería debe comprobar no solo si el cruce es viable, sino cuál es la secuencia de ejecución más robusta para ese emplazamiento. El enfoque encaja con la experiencia de Eurohinca en tecnologías SIN zanja y con el papel que la web da a la viabilidad previa, el control de calidad y el diseño constructivo.

La longitud importa, pero no decide por sí sola

Es lógico pensar que un cruce corto tenderá a ejecutarse en una sola fase y uno largo por tramos, pero esa relación no siempre se cumple. Lo relevante es cómo se comporta esa longitud en combinación con el terreno, el diámetro, la cobertura y el empuje acumulado. Un trazado relativamente corto puede ser más exigente que uno largo si atraviesa transiciones geotécnicas, tiene poca cobertura o exige una precisión muy alta en planta y alzado.

Por eso, antes de decidir, conviene revisar también qué criterios determinan el diámetro máximo que puede alcanzar un microtúnel y cómo influye el tamaño de la conducción en la estrategia de ejecución. El diámetro, la longitud y el empuje están estrechamente ligados y no deberían analizarse por separado.

Geotecnia, agua y cambios de terreno a lo largo del trazado

Uno de los factores más importantes para decidir entre fase única o ejecución por tramos es la continuidad geotécnica del cruce. Si el trazado atraviesa terrenos relativamente homogéneos, con comportamiento previsible y riesgo controlado, una sola fase puede simplificar la obra y reducir interfaces. En cambio, si existen cambios de estrato, presencia de agua, bolos, rellenos, roca o zonas con comportamiento muy distinto, dividir la ejecución puede ayudar a gestionar mejor el riesgo y a adaptar la metodología a cada tramo.

Esta decisión también debe apoyarse en la topografía y en la definición del perfil longitudinal. La propia web de Eurohinca ya trata qué papel juega la topografía en el diseño de un proyecto de microtunelación, y ese contenido encaja muy bien como apoyo interno para esta FAQ.

Implantación, accesos y posición de ataque y recepción

Otra variable decisiva es la implantación real. Ejecutar en una sola fase puede parecer más limpio desde el punto de vista teórico, pero no siempre existe espacio suficiente para equipos, acopios, maniobras, gestión de lodos o pozos de mayor tamaño. En algunos emplazamientos, dividir la obra por tramos permite adaptar mejor la logística, reducir ocupación simultánea y resolver limitaciones de acceso o convivencia con el entorno.

Aquí también influyen la disponibilidad de arbres verticaux y la obra civil asociada. Si el emplazamiento no permite una implantación robusta para una fase única, forzar esa opción puede aumentar tanto el riesgo de plazo como la complejidad operativa.

Riesgo de empuje, precisión y control geométrico

A medida que aumentan la longitud y el diámetro, también crecen las exigencias de empuje, guiado y control geométrico. En algunos proyectos, ejecutar de una sola vez puede ser perfectamente viable y más eficiente. En otros, dividir por tramos mejora el control de eje, pendiente y profundidad, especialmente cuando el proyecto exige tolerancias ajustadas o conexiones intermedias sensibles.

Por eso, la decisión debe valorar no solo si el cruce “se puede hacer”, sino si puede ejecutarse con el nivel de precisión exigido y con un margen razonable de corrección durante la obra. En este punto, resulta útil conectar con cómo se realiza el control de calidad en una obra de hinca o microtunelacion, ya que la trazabilidad del control cambia según la estrategia de ejecución elegida.

Logística, plazo y exposición al riesgo contractual

Desde el punto de vista del plazo, una sola fase puede reducir interfaces y acortar la secuencia global, pero también concentra más riesgo si aparece una incidencia relevante en mitad del trazado. Dividir por tramos puede introducir fases adicionales y más coordinación, pero a cambio permite escalonar recursos, acotar mejor problemas y adaptar la producción a las condiciones reales encontradas en cada parte del recorrido.

La ingeniería debe valorar qué opción protege mejor el plazo contractual y qué estrategia genera menos incertidumbre en licitación. En algunos casos, la ejecución por tramos no encarece la obra: la hace más previsible. En otros, una fase única reduce complejidad y mejora el rendimiento. La clave está en comparar coste directo, coste de riesgo y capacidad real de control.

Qué opción suele ser mejor desde ingeniería

No existe una respuesta universal. Una sola fase suele ser preferible cuando el trazado es constructivamente limpio, el terreno es razonablemente homogéneo, la implantación está bien resuelta y el control geométrico puede mantenerse con seguridad. La ejecución por tramos suele ganar sentido cuando hay cambios relevantes de terreno, limitaciones de acceso, restricciones urbanas o contractuales, exigencias de control muy altas o una combinación de longitud y diámetro que aconseja reducir exposición al riesgo.

En definitiva, una ingeniería debería decidirlo no por intuición, sino a partir de una revisión integrada de trazado, geotecnia, topografía, empujes, obra civil, logística y criterios de recepción. Esa es la forma más sólida de alinear diseño, constructibilidad y licitación antes de empezar.