¿Cómo se detectan bolos, bloques y obstáculos enterrados antes de ejecutar una microtunelación?

Los bolos, bloques y obstáculos enterrados se detectan antes de una microtunelación combinando investigación geotécnica, reconocimiento del terreno, ensayos in situ, revisión documental y, cuando aplica, métodos geofísicos o catas localizadas. El objetivo es identificar elementos duros, heterogeneidades o interferencias que puedan afectar al avance de la tuneladora, al desgaste de herramientas, a la estabilidad del frente o al riesgo de bloqueo.

En proyectos de hinca de tubería, microtúnel en aplicaciones terrestres y subterráneas y cruces de infraestructuras, esta detección previa es crítica porque un obstáculo no previsto puede provocar paradas, desviaciones, sobrecostes, cambios de herramienta o incluso la necesidad de modificar el método constructivo.

Qué se intenta detectar

Antes de ejecutar la obra conviene identificar:

  • Bolos y bloques naturales, frecuentes en depósitos aluviales, glaciares, coluviales o terrenos heterogéneos.
  • Roca sana o fracturada, especialmente si aparece de forma discontinua dentro de suelos más blandos.
  • Rellenos antrópicos, con restos de hormigón, fábrica, escollera, cimentaciones antiguas o escombros.
  • Servicios enterrados no documentados, como conducciones antiguas, galerías, drenajes, cables o colectores fuera de plano.
  • Elementos estructurales próximos, como pilotes, pantallas, cimentaciones, losas, muros o anclajes.
  • Cavidades o huecos, que pueden alterar la estabilidad del frente y el comportamiento del terreno.

Métodos habituales de detección

Campaña de sondeos:
Los sondeos permiten reconocer el terreno a lo largo del trazado y en las zonas de pozos. Aportan testigos, descripción estratigráfica, profundidad de estratos, presencia de roca, bolos, rellenos o cambios bruscos de material. Su densidad y profundidad deben adaptarse al riesgo del proyecto.

Ensayos in situ y laboratorio:
SPT, CPT, penetrómetros, ensayos de resistencia, granulometría, abrasividad o compresión simple ayudan a interpretar la excavabilidad del terreno y la posible presencia de materiales duros o heterogéneos.

Revisión histórica y documental:
Planos antiguos, cartografía geológica, información de obras previas, redes existentes, ortofotos, proyectos de urbanización o documentación de infraestructuras cercanas pueden revelar rellenos, cimentaciones, antiguos cauces, galerías o servicios no visibles.

Geofísica aplicada:
En determinados casos pueden emplearse georradar, sísmica, tomografía eléctrica, magnetometría u otros métodos indirectos para localizar anomalías. Su eficacia depende del terreno, profundidad, humedad, interferencias urbanas y tamaño del obstáculo.

Catas o calicatas localizadas:
Cuando existe sospecha de servicios, rellenos, cimentaciones o interferencias poco profundas, las catas permiten verificar físicamente la información antes de iniciar la hinca.

Inspección de servicios afectados:
La localización de redes existentes debe combinar planos de compañías, detección en campo, inspección de arquetas, catas y coordinación con titulares de servicios.

Cómo influye la detección en la elección de tuneladora

La presencia de bolos, bloques o terrenos mixtos condiciona la elección de tuneladora, el diseño de la cabeza de corte, las herramientas, el sistema de extracción, los parámetros de avance y la estrategia de mantenimiento.

Si el terreno es estable y excavable, puede valorarse un escudo abierto. Si se requiere control de presión de tierras, puede estudiarse una tuneladora EPB. Si además existe agua, permeabilidad o presión hidráulica significativa, puede ser necesario un hidroescudo para terrenos con agua.

Riesgos de no detectarlos a tiempo

No identificar bolos, bloques u obstáculos enterrados puede provocar:

  • Bloqueo o frenado de la cabeza de corte.
  • Desgaste acelerado de herramientas.
  • Aumento de empujes y par de corte.
  • Desviaciones de alineación o cota.
  • Sobreexcavación o pérdida de terreno.
  • Paradas prolongadas para intervención.
  • Daños en tubería, juntas o equipos.
  • Incremento de plazo y coste.
  • Necesidad de tratamientos auxiliares o cambio de método.

Qué hacer si el riesgo es alto

Cuando la probabilidad de obstáculos es elevada, se puede reforzar la investigación geotécnica, aumentar la densidad de sondeos, ejecutar catas en zonas críticas, combinar métodos geofísicos, revisar el trazado, modificar la profundidad, seleccionar una cabeza de corte más adecuada o definir procedimientos de contingencia.

En algunos proyectos también puede ser necesario ajustar la ubicación de los pozos verticales para hinca y microtúnel para facilitar accesos, intervenciones, cambios de herramienta o recuperación del equipo.

Checklist mínimo para detectar obstáculos enterrados: sondeos, testigos, perfil geológico, SPT/CPT, granulometría, abrasividad, nivel freático, cartografía histórica, planos de servicios, georradar o geofísica si aplica, catas localizadas, inspección de arquetas, revisión de cimentaciones próximas y análisis de obras previas.

Solicite una revisión técnica del riesgo de bolos, bloques y obstáculos enterrados antes de cerrar el trazado o seleccionar la tuneladora.